Me acerco a ti. No es éste el modo en que lo había planeado.
Había pensado en las flores, en las bicicletas, en las tardes
frescas de verano, en los atardeceres; pero me acerco a ti en la primavera
temprana disfrazada de crudo invierno, en la soledad de la madrugada, en lágrimas
sin paz.
No quiero verte así, quisiera tu mirada cristalina, tu vida,
tu calor. No quiero tu último suspiro. No me malinterpretes, lo quiero todo de
ti, pero deseo tu calor más que ninguna cosa, y a veces es eso lo que me hiere
tanto, imaginar que camino sobre algunas de tus pisadas. Y duele, no porque
sean las mías, sino porque una vez fueron las tuyas y yo no estuve allí -nadie lo
estuvo- para cogerte de la mano y llevarte hacia un lugar distinto.
Tal vez todo se resuma en una sola cosa: sentir que estás
viviendo una vida que en realidad no es tuya, saberte en territorio de otros, o
de nadie.
Pero no quiero verte ahí, quiero tus manos tibias y tu
valentía. Tu frente pálida y tu olor, que siempre trato de llevar conmigo.
Quisiera regalarte una niñez y contener el mundo en una risa
tuya. No queda nada más detrás de eso; ahí están los pájaros y los tritones, y
el trigo seco que te pica en las piernas. Ahí estás tú, eso es todo.
El infinito, el sol, tus ojos navegables.
Tu dulzura.
Tu dulzura.
1 comentario:
Hello. And Bye.
Publicar un comentario