lunes, septiembre 04, 2017

Pragmatismo

¿Cuál es el plan?

Podemos deshojar flores hasta quedarnos mudos, o contar estrellas hasta que no sintamos los dedos. Podemos conjurar versos, recitar las versiones de nosotros mismos que nadie más conoce. Podríamos convertirnos en acordes y viajar ingrávidos, como gatos cachorros.
Y, sin embargo, caminamos sobre circunferencias concéntricas, en sentidos opuestos. Somos especies irreconciliables, tal vez fuimos enemigos acérrimos, tal vez fuimos agua y aceite, quizá aún lo somos.

Tu sonrisa es una luz titilante para un bicho enjaulado en un tubo de cristal. Eres azúcar. Eres una cama con manta en el mes de febrero, pero somos estrellas en universos paralelos. Tú eres la tierra, y yo la raíz en un manglar. 

No entiendo nuestro idioma, se me escapan los matices del olor que se cierne en torno a esto que llamamos destino, eternidad, o hueco.
Un vacío decorado y con música de fondo. Una nada espectacularmente hermosa. Un recuerdo enclaustrado a cielo abierto, que pide a gritos un rincón donde esconderse de todo el que le observa.

lunes, octubre 24, 2016

El achinador (microrrelato para un lunes de lluvia)

En su maldad extrema, se sentaba en un rincón oscuro de su oscura mansión a contar por millones a sus víctimas. Ya amenazaban con conquistar el mundo con sus aparatejos ensamblados con pinzas microscópicas que sólo ellos eran capaces de manejar, gracias a la minúscula ventana que apuntalaban sus pestañas, pero a él eso no le importaba. Ni tampoco los problemas demográficos derivados. Él quería su arroz y su "celdo aglidulce", y el resto del planeta le era indiferente.

Achinar, encoger y comer wan tan frito, así se pare el mundo de un impulso. 
Jugar a ser dios por un menú número  2 un día de lluvia...

Kriptonita

Nunca había un lugar, ni una hora, ni una pauta. No había nada que hiciese presagiar un acercamiento, una respiración, el leve roce de una ráfaga de aire que antes le hubiera rozado a él y llegase hasta ella en forma de caricia diluida en miles de millones de mililitros de nostalgia enmascarada en aire fresco del otoño, o en olor a tierra mojada.
Pero eran pacientes, y se sabían los dueños del destino que pintaron hace un millón de años, tal vez en Siria, o en la Patagonia. Antes, mucho antes, de que los nombres existieran y las fronteras tuvieran un sentido y otra vez lo perdieran. No tenían prisas porque, en el fondo, se sentían poderosos, eternamente enlazados por letras infinitas y melodías que más tarde o más temprano les acercaban por muy lejos que pudiera parecer que se encontraban. Letras y tildes siempre fueron sus aliados, haciendo del universo un simple cuaderno para mandarse notas que les quebrasen la voz en medio de una multitud de analfabetos cósmicos.

Ellos no necesitaban coexistir en el tiempo y la distancia (o el espacio), porque en realidad siempre han estado juntos, a pesar de que ninguno de los dos supiera del día a día del otro más que por breves nociones escritas en cirílico y estratégicamente colocadas en lugares inmensos y llenos de otra gente ajena a todo.

Así seguía la vida, al margen del aire frío que te entra por los ojos y vuelve las pupilas brillantes como escarcha en un amanecer de enero (como aquel maldito 2 de enero).  Y a veces había suerte, y el mundo se retorcía en su propio eje para que las miradas se cruzaran en un lugar insospechado o sospechado (tal vez esperado) por ambos, y a veces había sólo esa mirada, y un gesto de descuido que hiciera inapreciable el encuentro que esbozaría durante meses los sueños de uno de ellos. Otras veces, por el contrario, la historia se cruzaba, y entre canciones desenmarañaban un milímetro del hilo con el que Penélope tejía cada día aquel absurdo cuento. Entonces se tocaban de verdad, y se olían, mientras alrededor todos estaban sordos y empapados del estridente fango del absurdo y la prisa. Pero allí, fundidos en un abrazo, en una palabra a gritos en el oído, en una mano en la cintura, en un “no te acerques tanto, que no puedo” - que ni siquiera se atrevían a pronunciar-. Allí, en unos ojos que de nuevo se habían hecho marrones, en una voz temblorosa y escondida entre risas: allí estaba la vida a manos llenas, y la magia, y el niño que aparece sentado en el medio de un parque tapándose los ojos mientras se entrelazan los dedos y hace frío, y es plena madrugada y casi llueve, y un chicle de fresa porque ella sospechaba que eso prefería él, y el futuro nos depara desidia, pero ahora somos la intensa luz del día y la furia del mar al romper en las rocas de un estrecho…


Eso era todo.

Y Eso era suficiente, pese a todo.

Ambos sabían que el encuentro furtivo y fortuito no duraría más que una milésima parte de un relámpago, por eso inhalaban cada mota de luz, para después desbrozarla poco a poco en las eternas noches, e ir alimentándose hasta la siguiente nota que les llegara desde cualquier dimensión interestelar.

jueves, mayo 05, 2016

Otoño en primavera

Ésta no es una oscuridad tan sólo físicamente cierta, es mucho más. Tal vez por eso sea otoño en pleno mes de mayo. Hay una nube de octubre que está lloviendo justo ahora, justo aquí, donde nunca has estado, aunque has estado tantas veces.


Para serte sincera, me importa bastante poco si esto te gusta o no. Al fin recibes ese texto que has ansiado durante tanto tiempo, pero ahora no es en los términos que tú querrías… vaya, la vida tiene un sentido del humor bastante negro, ¿no? O tal vez no. Tal vez esta llamada de atención que se te ocurre a deshoras ha dado ya algún fruto. Yo puedo estar equivocada, yo no sé casi nada, pero sé que he visto a gente morir, y hay bromas que no me gustan, aunque puedo reírme de casi cualquier chiste.


No me vengas con historias de piratas con pata de palo y corazón desnutrido. Todo es falso. Yo he convivido con el hielo, y cámbiale dos letras y seguirá teniendo sentido. No te escondas detrás de pseudociencias o de ciencias exactas. No. Se trata de lo mismo a lo que no quieres hacerle frente. Y no, no eres tan diferente, ni yo fui nunca tan diferente como me dibujaste. Créeme, sé de lo que te hablo porque yo he visto a gente morir. Morir y seguir andando, hablando e incluso sonriendo.


Esta nube de octubre es muy antigua. Se me antoja que esas latitas de aire de la URSS que venden ahora en Rusia podrían tener un olor parecido. Tal vez sea verdad eso de que la moda es un baúl, pero no sólo la moda, sino nosotros mismos: sentimientos que vienen a destiempo, acciones desacompasadas, recuerdos vívidos pero con ese toque de nostalgia fallida que a veces nos rompe el alma y otras metamorfea a desasosiego nauseabundo. Y es que los pantalones rotos ya nunca volverán a ser lo que un día fueron.


No sé qué puede tener de malo vivir un otoño en plena primavera: a la vista de todos, pero bien escondido. Cuando todos duermen la vida es más fácil, y nadie se preocupa de si la coma o la tilde están en el lugar correcto, pero aun así no tienes que mentirte. Aun así yo no tengo que aceptar esa mentira. No creas que tienes la exclusividad en eso de sentir que no hay camino, o en lo otro de pensar que al fin lo has encontrado… ¡Venga ya!, ¿a eso vamos a reducirlo todo?, aunque en el fondo sea cierto que reduciendo todo sólo queda eso, o la base de eso…, dicen que también se puede reducir a una molécula el amor, pero en una molécula no puede caber un universo.


Sí, carece de sentido pero, en el fondo, todo lo que en verdad tiene un sentido proviene de la tierra o puede hacerse tierra, y sabes que esto en realidad es tan falso como el resto, pero que sea falso no quiere decir que sea mentira, o mentira en su totalidad, y que de verdad te sientas como te sientes no quiere decir que sea cierto, y probablemente tampoco sea acertado.

Luego hay otras cosas sobre si es el camino, los medios, el fin… Es posible que simplemente no sean las maneras. Pero claro, esa es mi versión. Aunque en el fondo tú sabes que llevo razón, porque yo he visto gente morir. He visto morir a gente que aún no sabe que una vez estuvo viva.

martes, marzo 08, 2016

¿Cómo seré 
cuando no sea yo?
Cuando el tiempo
haya modificado mi estructura,
y mi cuerpo sea otro,
otra mi sangre,
otros mis ojos y otros mis cabellos.
Pensaré en ti, tal vez.
Seguramente,
mis sucesivos cuerpos
-prolongándome, vivo, hacia la muerte-
se pasarán de mano en mano
de corazón a corazón,
de carne a carne,
el elemento misterioso
que determina mi tristeza
cuando te vas,
que me impulsa a buscarte ciegamente,
que me lleva a tu lado
sin remedio:
lo que la gente llama amor, en suma.

Y los ojos
-qué importa que no sean estos ojos-
te seguirán a donde vayas, fieles.

-Ángel González-

domingo, octubre 04, 2015

Una vez yo fui yo. Pensaba como yo, 
miraba como yo, y sentía 
Como yo
Luego llegaron otros, que no eran
Y nunca más fui yo, aunque ellos no tuvieron la culpa
Ahora esos ellos juegan al pasado
Algunos al presente futuro, y nadie añora a esa que un día era yo
Una carcasa deformada recorre el mundo 
Con mi nombre, y ellos la saludan
Y me mandan recuerdos a una tumba de meridiano y paralelo tedio
Mientras en sueños aún a veces araña la conciencia en busca de salida 
Aquel yo que una vez habitó el mundo 
Y que ahora ya sólo dibuja garabatos de sí misma
En las tardes de viento o en las noches en vela

miércoles, noviembre 05, 2014

sábado, octubre 25, 2014


¿Y cuándo fue
             la última vez 
que te ilusionaste?

martes, septiembre 02, 2014

Teorías


Yo creo que en el cielo de los perros tiene que haber un traductor humano-perro que traduce sólo las palabras bonitas. Creo, también, que no puede existir un infierno canino, y que lo más parecido debe de ser una especie de purgatorio donde todo el rato es la hora de almorzar un día que toca barbacoa y no sobra, ni se cae al suelo, nada.
Pero, lo que está claro, es que en el infierno humano no puede haber ni un solo perro y, de camino, que en la tele sólo echan una pachanguita de Chuli (y otros fenómenos que alguna vez jugaron en el Betis) con los coleguillas del barrio. Eso, o el debate sobre el estado de la nación de 1997.

miércoles, agosto 20, 2014

Escribiremos los colores en blanco y negro, sólo para que lo demás descubran que lo que queremos decir es más de lo que decimos o menos o diferente de lo que (d)escribimos.

Grandeza

Estira mucho la pata en un intento de parecer más grande, de controlar ese pequeño mundo que observa siempre pegado al acerado, pero el cuerpecito se desequilibra, precipitándose torpemente hacia adelante.
Sigue su camino. Veloz, ágil, contento, porque piensa que sus esfuerzos no caen en saco roto. Se sabe vencedor, sabe que un día, dentro quizás de dos o tres estaciones de pérdida de pelo, el dominio del Universo en el que ahora tan sólo es uno más le pertenecerá.
No le obsesiona el cuándo, cree férreamente en ese destino que los viajes oníricos le han ido revelando.

martes, agosto 05, 2014


Desde hace días han desaparecido

las africanas que vendían maíz cocido
en el mercado de la rue Dejean.



Extrema quietud la de los niños negros
fajados a la espalda de ellas
con la ventrera, un arcoiris pobre.



Y ya que estamos hablando de colores:
el interior de este silencio es rojo
como un corazón arado.

Jorge Riechmann

sábado, agosto 02, 2014

cada palabra sale de la boca- recorre un círculo de tenue realidad- vacía veneno o dañina  ignorancia- a veces cuento o risa- pero siempre retorna  con forma de jirones de verdad/ camina como sabes- chica lista- la honestidad no cuenta- y otros versos de judas sobrevuelan el campanario de la dicha/ detente cuando quieras- ya no importa la sangre derramada/ ahora sólo te pido un último favor~ quédate este aguijón al que llamas cariño y guárdate de quereres como el tuyo/ luego- puedes seguir preguntando por mí/ con suerte- algún burdel ya no recordará mi nombre

jueves, julio 10, 2014

Si el hombre pudiera decir lo que ama

Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz; 
si como muros que se derrumban, 
para saludar la verdad erguida en medio, 
pudiera derrumbar su cuerpo, 
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición, 
sino amor o deseo, 
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos 
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu 
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor, 
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero. 

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero,  porque no he vivido.

-Luis Cernuda-



sábado, junio 28, 2014

Él era débil y yo fuerte


Él era débil y yo era fuerte, 
después él dejó que yo le hiciera pasar
y entonces yo era débil y él era fuerte,
y dejé que él me guiara a casa.


No era lejos, la puerta estaba cerca,
tampoco estaba oscuro, él avanzaba a mi lado,
no había ruido, él no dijo nada,
y eso era lo que yo más deseaba saber.


El día irrumpió, tuvimos que separarnos,
ahora ninguno de los dos era más fuerte,
él luchó, yo también luché,
¡pero no lo hicimos a pesar de todo!


-Emily Dickinson-

lunes, mayo 12, 2014

El Betis descubre que tiene un jugador en el banquillo desde 1983

El entrenador del Real Betis Balompié, Gabriel Calderón, ha pasado lista esta mañana a sus jugadores y, tras revisar varias veces la plantilla porque no le salían las cuentas, ha descubierto la presencia de un jugador sin identificar que, supuestamente, lleva en el banquillo desde 1983.

El individuo en cuestión atiende al nombre de “Dieguito” y asegura que se le fichó en 1983 “junto a otros compañeros como Canito, Cardeñosa o Gabino Rodríguez”, con quienes queda de vez en cuando para rememorar viejos tiempos.

“Este señor se presenta aquí cada mañana y le conocemos todos de toda la vida. Nunca le hemos preguntado, yo siempre he dado por supuesto que era de mantenimiento”, admite uno de los vigilantes del estadio Benito Villamarín, en Sevilla.

“Dieguito” insiste en que jugó un par de partidos en los ochenta y luego “me sentaron en el banquillo porque el míster de entonces decía que apenas se me veía en el campo, que no aportaba”.
Como no se le convocaba pero tampoco se le indicó que se fuera del equipo, el jugador ha estado “cumpliendo con mi obligación profesional” sin quejarse ni cuestionar las decisiones de los técnicos que se han ido sucediendo.
“A veces me hacen fregar el vestuario o hacer recados. Yo creo que lo hacen para que me cabree y juegue mejor, con más rabia. Pero claro, si luego no me piden que salga al campo, no puedo demostrar lo que valgo”, argumenta el jugador, que cuenta hoy con más de cuarenta años.
“Antes todo esto era campo. Campo del Betis”, rememora “Dieguito” con emoción, y confiesa que, ahora que se han acordado de él, tiene la esperanza de ser convocado de nuevo.
La directiva del club, sin embargo, se está planteando pagar al jugador su cláusula de rescisión, que asciende a ciento cuarenta pesetas y un refresco con gas.

El mundotoday:

jueves, agosto 29, 2013

739

I many times thought Peace had come
When Peace was far away —
As Wrecked men —deem they sight the Land—
At Centre of the Sea—

And struggle slacker —but to prove
As hopeslessy as I—
How many the fictitious Shores—
Before the Harbor be—


Emily Dickinson

miércoles, agosto 14, 2013

De haberlo sabido...


 y ahora las calles están llenas de bandidos, cuando necesito de tu madrugada
El verso y el título están sacados de una canción de Quique González.

jueves, marzo 21, 2013

Mi Perséfone (II)



Me acerco a ti. No es éste el modo en que lo había planeado.

Había pensado en las flores, en las bicicletas, en las tardes frescas de verano, en los atardeceres; pero me acerco a ti en la primavera temprana disfrazada de crudo invierno, en la soledad de la madrugada, en lágrimas sin paz.


No quiero verte así, quisiera tu mirada cristalina, tu vida, tu calor. No quiero tu último suspiro. No me malinterpretes, lo quiero todo de ti, pero deseo tu calor más que ninguna cosa, y a veces es eso lo que me hiere tanto, imaginar que camino sobre algunas de tus pisadas. Y duele, no porque sean las mías, sino porque una vez fueron las tuyas y yo no estuve allí -nadie lo estuvo- para cogerte de la mano y llevarte hacia un lugar distinto.


Tal vez todo se resuma en una sola cosa: sentir que estás viviendo una vida que en realidad no es tuya, saberte en territorio de otros, o de nadie.

Pero no quiero verte ahí, quiero tus manos tibias y tu valentía. Tu frente pálida y tu olor, que siempre trato de llevar conmigo.


Quisiera regalarte una niñez y contener el mundo en una risa tuya. No queda nada más detrás de eso; ahí están los pájaros y los tritones, y el trigo seco que te pica en las piernas. Ahí estás tú, eso es todo.

El infinito, el sol, tus ojos navegables. 
Tu dulzura.




viernes, noviembre 30, 2012



El hielo cubre todo lentamente, lo cubre todo con su manto sutil y delicado. Es casi imperceptible.
Al mirar desde la ventana empañada, desde el calor buscado (el abrigo seguro, la promesa de un sueño recuperador que cura cualquier daño…) añoro cuando roza la punta de sus dedos en la noche más nítida, en la más luminosa oscuridad.

Escarcha, perfecto velo blanco que envuelve todo, que marea de belleza, que hipnotiza.
Quiero tocarte, quiero dejarme hacer en todos mis sentidos, quiero envolverme en tu cristal letal, abandonarme a tu delirio, salir, darte la vida, sentir que me apuñalas poco a poco con esa quietud tuya, que es mi aliento.

martes, mayo 29, 2012


Esos pequeños habitantes han vuelto a aparecer.
Se deslizan por la ventana como si de menudos mamíferos o gigantes insectos se tratara. Son veloces y tímidos, y recorren distancias insalvables con una destreza de la que tan sólo ellos son capaces. Los observo desde la distancia, no me ven. Ahora soy una extraña para ellos y podrían asustarse al notar mi presencia.
El recorrido luz-oscuridad, realidad-sueño que cubren cada día está marcado con sus huellas fugaces.

Hace años los tenía como amigos. Me visitaban en las largas noches de primavera insomne y en las tardes de hastío de las épocas de exámenes. Los había dado por perdidos, olvidados en el fondo de algún cajón ingobernable, y cuál es mi sorpresa al descubrir que aún corretean por mi ventana, mi dulce ventana de niñez y juventud, desvencijada y sola; que persisten, pese a que el recorrido luz-oscuridad, realidad-sueño ha quedado maltrecho por los años. En sombras, malherido, abandonado.

jueves, abril 12, 2012

Tú habitabas entonces una esquina del mundo que yo desconocía. Una dimensión nueva cubierta de realidades externas y multidisciplinares con cierto regusto a ciencia ficción. Una suerte de parajes inconcebibles donde no había lugar para casi nada más que la prisa y el dolor soterrado bajo letras enfáticas y pantallas de innumerables tamaños encendidas día y noche.
Yo, mientras tanto, investigaba los sueños, buscando brechas que condujeran a tu mundo, imaginando lugares comunes que partieran en dos el laberinto absurdo de la ciudad mojada, pero las pesadillas manipulaban mi descanso en razón directa a la lejanía de tus manos.

La noche se convirtió en mi enemiga, luchaba contra ella como lucha la tierra contra el hambre voraz de un torrente de agua, y sucumbía: cada noche vencía a mi voluntad quebrada por el miedo brutal de la soledad que acecha en las sábanas desplegadas sin más, entumecidas. El amanecer me arrastraba más allá de mí misma y golpeaba mi orden y mi capacidad de discernir, de decidir. Mis ganas de correr a cualquier sitio en busca de tu olor.

Ese entonces es ahora para mí y lo fue para usted en algún tiempo, pero no hoy, por nunca más.

Yo tergiverso flancos de palabras procurando que no me alcance el riesgo de perderme en mi cordura. Tratando de juntar altura y río, dibujando miradas en las vallas, imaginando siempre

un mientras tanto…

que me devuelva el tiempo,

el horizonte,

el verde.

lunes, marzo 28, 2011

El tiempo

Hoy hace sol en Rey Bouba, y la noche será despejada y calurosa. No correrá mucho viento y, al sol, se tostarán la piel y los granos de arena.

Hoy hace sol de Rey Bouba y, A La Otra Orilla, unos se ponen pañuelos en el cuello y van apresurados a sus casas. Bicicleta en la puerta, comida preparada.

Puede que en Rey Bouba la calma reine bajo la sombra de un baobab, mientras que Al Otro Lado fluye la vida igual que una catarata pasa a través del ojo de una aguja.

miércoles, mayo 26, 2010

Eran las ocho menos veinte, no había mucho tiempo. Un hombre en dirección inversa gritó guapa al cruzarse con ella. Olía a mañana de verano, era casi verano, y se le erizó el cuello de pensarlo.

Tenía los ojos rasos cuando dejó la bici, y una emoción ambigua que le colmaba el pecho y el paladar de agua. Era su último día, y no tenía bolsillos suficientes para guardar en ellos los momentos precisos y el sabor de la despedida.

jueves, abril 29, 2010

DESPIERTA

Me había olvidado de él, como de tantos otros. No necesito recordarlo todo, no necesito recordar casi nada, porque no hay muchas cosas que merezcan la pena;… te decía que sintieras, que me sintieras apoyando mi mejilla en tu mejilla y volviendo la cara a la suerte y a la desidia de los días de septiembre.
Pero eso ya no importa porque tampoco me acuerdo de ti, tú me borraste de tu frente de paja, de tu alma de vilano. Me costó muy poco desprenderme del sueño, y no fue porque no fuera cierto. La vida me ha mostrado el haz y el envés de las circunstancias y del tiempo.

Hace mucho que no huele a laurel, pero yo respiro con más facilidad desde que vuelvo a sentir como sentía cuando le conocí.
Han vuelto los paisajes y los señuelos de la química sobre mi piel de arenas movedizas, y sería inútil pensar que sigo siendo la misma de antes, porque ahora me río menos y sé más que por aquel entonces. Sé, por ejemplo, que las cosas que aprendo en el presente sólo son útiles para el pasado y que para saber lo que me serviría ahora tendré que esperar a que sea luego.

No hablo de una sola persona, ni de un solo pasado o un único futuro: la claridad de un témpano de hielo; nuevas sonrisas cercanas al amanecer; una pierna que te envuelve en la noche; una voz que se cuela en el salón sin que nadie la espere, y te despierta del largo letargo de la vida-inercia; la ilusión de una habitación con vistas; tus manos en mi nuca; una canción. No digo que no sepas de qué hablo, sólo que realmente eso tampoco importa.


DESPIERTA.

martes, diciembre 22, 2009

Así continuaba andando como siempre, pensando en por qué una situación tan cruel se llamaba igual que un signo de puntuación, pensando en lo absurdas que parecen a veces las cosas cuando te paras a pensarlas más de medio segundo, igual que cuando repites mil veces seguidas un nombre (tayudcalatayucalatayudcalatayudcala), o te tiras en un banco a mirar los edificios y los árboles con la cabeza del revés.

Estas cosas no sólo se le venían a la mente porque el día estuviese gris y se sintiese sola como casi todas las tardes volviendo a casa. En otras ocasiones se le ocurrían ideas para montar un hotel, o se imaginaba a sí misma trabajando en otra ciudad o paseando en una calle desconocida; las acciones pasadas de otros; conversaciones que no fueran suyas o canciones insólitas sobre el devenir de la vida, y ahí lo hilaba con otro pensamiento sobre el origen de la palabra devenir y los jodidos franceses.

Al final, todo rodeaba su cabeza y por un segundo prestaba atención a algo de lo que había por la calle, un perro probablemente.

Y en esa espiral de liberación lingüística y cinematográfica redundaba un momento en que hacía frío o se le había olvidado sacar la ropa de la lavadora, y volvía sobre el uso del punto y coma o cuál era en realidad la mejor decisión: ¿volverse sola en aquel autobús o sentirse sola aunque volviera acompañada?

miércoles, diciembre 02, 2009

Mrs. P



Piénselo bien, algunas cosas se pararon porque usted igual me dio motivos para no volver jamás.

martes, octubre 06, 2009

Ha llovido un poco. Esta mañana, al bajar las escaleras del hotel, he sufrido una torcedura en el pie y he dado de bruces contra el suelo. Ahora, inmovilizado, desde la ventana contemplo el lago y el cielo gris, encapotado. Anita Febrer murió el mismo año que Juan Maragall; tendría ahora sesenta y ocho años. Murió en Almería. No queda apenas nada de su tiempo, y el balneario está hecho una ruina. No existe nada. Ha desaparecido también aquella brillante sociedad que amaba a los poetas del país y a la que los poetas del país daban algo que se recibía con agradecimiento. Cada vez existen menos cosas y caminamos con tesón hacia la nada. Es triste.

Como pueda, trabajosamente de seguro, voy a bajar al hall a recoger los periódicos y a fumarme un cigarrillo. Sigue, desde luego, lloviendo.

Juan Perucho
Fragmento de Anita Febrer, o un vago murmullo sobre el agua, allá donde empieza o acaba la poesía.

miércoles, agosto 05, 2009

lunes, julio 20, 2009

En aquellos días, la camarera se dedicaba a hablar de lo mucho que le gustaba una tormenta de verano mientras barría apresuradamente el salón.
Una mujer tomaba su refresco apoyada en la barra. Apenas tres clientes en la cafetería y la idea de un suceso espacio-temporal rondando la cabeza de la camarera y su encargado, que observaba desde detrás del grifo de cerveza. Es el nublado, se dijeron, y la señora de la barra les miró, reprochando, tal vez, que mantuvieran conversaciones de aquel calibre ignorando de algún modo su presencia.
La cosa no acabó ahí, siguió por derroteros que apuntaban la posibilidad de que ambos (camarera y encargado) se hubieran levantado de madrugada, abriendo la cafetería a una hora absurda y sirviendo desayunos a horas intempestivas.
Aquello hubiera sido algo amoral, una ordinariez cósmica que jamás podría haber sido bien vista en ese barrio. Por eso desecharon la idea, ya que, de haberse comportado de aquel modo, probablemente no hubiesen servido ni la mitad de los desayunos.

Ella siguió barriendo y recogiendo la basura. Él se teletransportó al ballet del martes por la noche, rodeado de gente importante que sabe cómo vestir y vestirse. Y a su cena de enamorados de verdad, de esos que se rozan las manos y están deseando volver a casa y mantener una conversación dificultosa mientras se lavan los dientes antes de ir a dormir.

No llovió por la mañana que podría haber sido madrugada. Tampoco lo hizo por la tarde, y la camarera continuó añorando esas tormentas de verano que le hacían sentir un poco más viva, y recordando los viejos tiempos en los que realmente sentía que podía recorrer cualquier país y darle un nombre nuevo, agarrada, quizá, de la mano de alguien que de verdad quisiera quererla a su manera y estrechar su cintura en las noches vacías, en los silencios, mientras imaginaban un futuro posible, aunque improbable, desbaratando el hilo de la noche y el sueño para alcanzar el día repletos de cansancio e ilusiones.